domingo, 25 de mayo de 2008

Giacometti


“Sólo el porvenir dirá si Giacometti habrá sido sólo una de las posibilidades que un siglo deja pasar, o si fue uno de los signos precursores de una nueva forma de vivir en esta tierra.”

Yves Bonnefoy

EN RECUERDO DE JACQUES GABAYET

(1944-2007)

Claudio Albertani

Quiero dejar el testimonio de una amistad. Conocí a Jacques en 1981 en Tepoztlán, Morelos, en donde ambos vivíamos. Yo recién había llegado de Italia vía Estados Unidos y me incorporé a La Escuelita que Jacques fundó junto a Lucero González, su esposa de entonces, y a Jorge Velasco, gran bailarín, otro amigo entrañable. La Escuelita era un proyecto de educación primaria alternativa pensado en primer lugar para que nuestros hijos se escaparan de las horcas caudinas de la educación pública y también de la educación privada.

Era un proyecto generoso y libertario que, con base en las ideas del pedagogo anarquista Celestin Freinet, buscaba educar para la cooperación y no para la competencia, algo difícil de entender en nuestros días neoliberales y en nuestras universidades dominadas por la obsesión del puntaje.

La Escuelita sesionaba en casa de Jacques, pero no tardó en abrirse a la comunidad tepozteca y a refugiados guatemaltecos que, huyendo de la guerra de exterminio, habían llegado hasta las tierras de Emiliano Zapata.

Pronto se construyó en torno a la Escuelita un grupo de amigos, tal vez la última experiencia comunitaria que me tocó, después de la temporada feliz de los años setenta.

Una comunidad improbable que incluía a matemáticos tepoztecos, a indígenas quichés sobrevivientes de innumerables masacres, al poeta y carpintero Mario Licón, a pintores de renombre como Roger von Gunten y a desarraigados cosmopolitas como mi esposa Patricia y yo. Recuerdo unas fiestas pantagruélicos en donde se podía escuchar marimba, mambo y blues y se hablaba quiché, italiano y francés, junto al español. Recuerdo las clases de cocina que yo impartía, sin duda mi mejor experiencia docente.

Esto del desarraigo nos unió a Jacques y a mí cimentando una amistad entrañable. Yo, que aprendía sin mucha suerte a ser mexicano y él, que siendo el más chilango de mis amigos chilangos, nunca dejó de sentirse extranjero. No sólo en México, sino también en Francia llegando a "concebir a la vida como una forma personal de exilio", según escribió otro amigo suyo. Un día, bromeando, descubrimos cuáles eran nuestras patrias respectivas: la suya los años sesenta, la mía los setenta.

Jacques me enseño a amar a México y yo lo acosé en su aventura intelectual. Compartí su interés por la cultura judía –ambos llegamos a considerarnos algo así como judíos fracasados- su ilusión guadalupana –de la cual, por suerte, ambos nos liberamos pronto-, su pasión por el milenarismo, su tránsito por el nacionalismo, sus lecturas de Jacques Lafaye, Ernest Bloch, Luis Villoro, Bajtin, Thomas Merton y tantos otros autores que conocí gracias a él. Participé en el encuentro que organizó en 1984, Hacia el nuevo milenio, tal vez su logro intelectual más importante. Con uno pseudónimo –eran los años del genocidio y yo amaba a vida…-, presenté ahí una ponencia sobre Guatemala que resumía mis andanzas por el desdichado país centroamericano.

Jacques tiene que ver con las experiencias más importantes que viví en los últimos 25 años. Hacia 1983, me presentó a Miguel Ángel Sandoval, el Zurdo, y a Arturo Taracena, el Mico, otros amigos ineludibles, que me integraron al equipo de la hoy difunta agencia Noticias de Guatemala, lo cual dio consistencia a mi pasión por aquel país.

Jacques siempre iba adelante. Después de haberme metido al nacionalismo mexicano, también me sacó de ahí, algo que, por cierto, le agradezco profundamente. Para ambos, el texto definitivo -verdadera revelación- fue Nacionalismo y Cultura, el clásico estudio de Rudolf Rocker que yo, anarquista de toda la vida, no conocía y que Jacques, trotsquista confieso, me recetó en la gloriosa edición pirata de la Biblioteca Social Reconstruir que todavía conservo.

Gracias a Rocker descubrimos a Tagore quien, no sólo fue el gran poeta del que todos tienen noticia, sino el autor de una de las mejores críticas jamás escritas contra el nacionalismo. Recuerdo que Jacques quedó deslumbrado por su definición de que el nacionalismo es "el egoísmo organizado de los pueblos".

Años después, en una librería de viejos de Katmandú encontré una copia del precioso texto y se la traje. Acto seguido, Jacques me obligó a escribir el texto sobre Tagore que publicó la UAM en una de sus revistas.

En fin, viví muchas aventuras con Jacques. Recuerdos noches interminables en Tepoztlán, escudriñando nuestras almas respectivas, las pláticas con el imprescindible Carlos Martínez, los acuerdos y los desacuerdos…

Pero no fueron sólo aventuras del espíritu. Jacques fue mi guía en los cerros de Tepoztlán que conocí en gran parte con y a gracias él. Una vez fuimos juntos a Europa y entre los dos no juntamos para el taxi que desde el aeropuerto nos llevaba al centro de París. La libramos gracias a la generosidad de amigos comunes.

Su último regalo fue obligarme a leer a Heine, el gran poeta alemán amigo de Marx y de Bakunin, otro desarraigado que renegó su doble condición de alemán y de judío. A Luciano de Samosata, una de las últimas pasiones de Jacques lo tengo de tarea pues todavía no he tenido el tiempo de leerlo.

¿Cómo lo recuerdo? Como un maestro. No me refiero, claro está a las banalidades académicas. Jacques fue un maestro de vida y por esto lo recuerdan incluso sus estudiantes. Cultivó el arte del ironía que consiste en mostrar al otro su naturaleza verdadera. Una ironía que tuvo el valor de aplicarse a sí mismo hasta el último momento.

No escribió mucho, es verdad. Pero tenía el don de la comunicación. Jacques fue un maestro al estilo de Sócrates. La palabra hablada era su don. La rectitud su fuerza.

Gracias por todo Jacques. Nos vemos en el infierno.



Claudio Albertani

México, DF


(en ocasión del homenaje a Jacques Gabayet que se celebró el 21 de mayo de 2008 en la Universidad Autoónoma Metropolitana, plantel Xochimilco)

martes, 29 de abril de 2008

De Nostos en el Umbral

Una fría noche de invierno de 1990, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes en la ciudada de México se presentaba la banda de jazz La Cocina, comandada por los saxofonistas Evodio Escalante y Alan Derbéz, el primero excelente cítico y ensayista literario, el Segundo escritor y excelente musicólogo y productor radiofónico.
En el transcurso del concierto yo, tumbado en mi butaca, fuí hilvanando frases que luego me levantaron y empujaron hacia arriba del escenario y sin pedir perminso agarré uno de los micrófonos e improvise este poema que luego formó parte de mi Segundo poemario publicado por Praxis-Dos Filos bajo el título Nostos en el Umbral


La cocina

Para Evodio Escalante

Negros la sangre no tiene puerrtas en vuestra noche boca arriba
Federico García Lorca

Manos recorriendo teclados con el corazón
de Cecil Taylor

Labios frotando embocaduras
berridos cayendo de rodillas
manos construyendo paredes
de papel china rasgadas
por baquetas desprendidas de una nube
pasando bajo y sin Max Roch

A la desierta sala iluminda llega
la madrugada fría
del cuerpo cayendo sobre las aceitosas agues
del Hudson River

Alaridos
saxos con alas y lenguas de fuegø
como el amor que flota para siempre
y cruza los puentes y estalla
Río
de alas
doradas
que atraviezan las paredes
del tímpano más duro

In the free jazz kitchen
esbozos CharlieParkerianos
cocinadas a bajo fuego y sin Charles
Dioniosios
Mingus

El arte de la crítica


Octavio paz y el arte de ametrallar cadáveres

Evodio Escalante

Saqueó, magulló y triunfó. En la acción puntual de estos verbos, con lo que revelan y a la vez esconden de ansiedad carnívora, puede resumirse la vida literaria de Octavio Paz. La velocidad y el carácter depredador de su prosa dependen de lo anterior, como de ello pende igualmente su pertinaz permanencia en la cultura mexicana de nuestros días. Sin duda la prosa de Alfonso Reyes es superior, en la medida en que es más transparente y fluida, más civilizada y cordial, esto lo sabe todo el mundo; la de Paz, por contraste (me excuso por la rima), es más eficaz, y con ello hago referencia no sólo a su eficacia sino a su efectismo. No es peyorativa esta última expresión. Llamo efectismo, en su sentido más amplio, a la llana capacidad de producir efectos. El primer ejemplo de la eficacia de su prosa, y de su temperamento aquilino, lo tenemos en El laberinto de la soledad. Producto tardío de la epidemia filosófica que desataron los hiperiones en su búsqueda afanosa del ser del mexicano, no deja de maravillarme que un outsider como Paz fuera capaz, con un mismo gesto, de apropiarse de sus inquietudes identitarias y de borrarlos para siempre del panorama intelectual. Todo lo que Joaquín Sánchez MacGregor, Leopoldo Zea, Ricardo Guerra, Luis Villoro, Samuel Ramos, Emilio Uranga, Salvador Reyes Nevares, Jorge Portilla, Fausto Vega y hasta Rubén Salazar Mallén, animados en el fondo por el magisterio de José Gaos, habían logrado avanzar en los años treinta y cuarenta del siglo pasado en el terreno de la llamada “filosofía de lo mexicano”, Paz lo resumió y lo volvió obsoleto con este libro que seguimos leyendo todavía hoy. Salvo la tristona agonía de El perfil del hombre y la cultura en México, de Ramos, a los restantes libros, artículos, mesas redondas, conferencias y tesis académicas que brotaron de este selecto grupo de pensadores los desplazó y sepultó la prosa de El laberinto. Primera prueba de sus efectos.

La máquina depredadora tenía que ser de vanguardia, o de otro modo nadie advertiría sus efectos. Lo que estaba in en los años treinta era ser socialista, y el joven Paz lo fue (y lo siguió siendo siempre, hay que reconocerlo, en algunos escondidos pliegues de su discurso que de tarde en tarde, pese a su neoliberalismo de la última época, sacaba a relucir). A la sombra de esta fervorosa convicción socialista se amparan algunos de sus primeros textos, entre ellos, y de manera notable, Entre la piedra y la flor (me refiero a la primera versión, de 1937, no a la que modificó después cuando tenía contrato con Televisa), de calle, y le pese a quien le pese, el mejor poema de protesta que se escribió en nuestro agitado siglo xx. En este mismo tono escribe también “¡No pasarán!”, el poema que le valió la invitación para participar en el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas que se celebraría en Valencia, España, en plena Guerra civil. A esta inclinación ideológica se debe que el joven Paz mostrara algunas reticencias ante el grupo de los Contemporáneos y que rechazara de manera consecuente no sólo la “poesía pura”, sino el movimiento surrealista, que probablemente le parecían dos brazos torcidos del árbol del pensamiento burgués. ¿Paz, alguna vez antisurrealista? Con todas las de la ley. Quien quiera comprobarlo, vea lo que se anota en la versión original del artículo “Poesía de soledad y poesía de comunión.” Después de denunciar “el pobre balbuceo del inconsciente”, el joven Paz concluye: “Ni discursos académicos ni vómitos sentimentales: el mismo asco nos producen las monótonas demostraciones en verso, tristes refrigeradoras de la palabra, que las revueltas aguas negras del inconsciente.” (Octavio Paz, Primeras letras 1931-1943. Edición de Enrico Mario Santí. México, Vuelta, 1988.) Lo de las aguas pútridas, por supuesto, tiene que ver con el surrealismo.

Para empezar, la máquina depredadora debe desplazar a la generación inmediatamente anterior. Paz se enriquece en el diálogo con los Contemporáneos: Villaurrutia, Cuesta, Novo, incluso el reticente Gorostiza son uno de sus suelos nutricios, aunque le cueste reconocerlo al principio. En su juventud los desdeña. He aquí un exacto resumen de la opinión que le merecían los integrantes de Contemporáneos: “Toda su obra polémica se dirigió a las formas, a los útiles, a los instrumentos. Crearon hermosos poemas, que raras veces habitó la poesía. Cuadros desiertos, novelas en las que transitaban nieblas puras, obras que terminan como nubes.” (Primeras letras) Es obvio que la Novela como nube, de Gilberto Owen, le sirve como emblema para retratar a una generación que él considera “escapista”. Para marcar la diferencia entre su generación, la de Taller, y el grupo antes citado, en otra parte enfatiza: “A todos nos molestaba un poco lo que llamábamos el ‘intelectualismo' de ‘Contemporáneos'. Concebíamos a la poesía como un ‘salto mortal', experiencia capaz de sacudir los cimientos del ser y llevarlo a la ‘otra orilla', ahí donde pactan los contrarios de que estamos hechos.” (Las peras del olmo. México, Seix-Barral, 1982)

Todo poeta existente es una posible piedra en el camino. La crítica de Paz, agudísima y súper inteligente, termina a menudo resintiéndose de este carácter depredador que no se da tregua alguna. Competencias imaginarias o reales, pugnas actuales o trasvestidas por la fantasía, da lo mismo: siempre que intuye Paz que un autor puede hacerle sombra, termina hincándole el diente. Sean sus hermosas palabras sobre su maestro y amigo Carlos Pellicer. Después de reconocer que “es nuestro primer poeta realmente moderno ”, y que “Pellicer es el más rico y vasto de los poetas de su generación. Hay poetas más perfectos, más densos y dramáticos, más afilados y hondos: ninguno tiene su amplia respiración, su deslumbrada y deslumbrante sensualidad”; viene la mutilación acaso no tan involuntaria, que estropea la dicción en dos de sus poemas citados, y este epitafio que suena como un verdadero insulto: “Pellicer no es un poeta de poemas sino de instantes poéticos.” (Octavio Paz, Generaciones y semblanzas. México, Fondo de Cultura Económica, 1987.) Como quien dice: cuando le va bien, hace versitos.

También tiene reparos ontológicos contra el gran vanguardista Vicente Huidobro. Altazor , su histórico poema, inigualable e insuperado hasta hoy molino de la experimentación sintáctica y metafórica, termina como se sabe con una serie de sílabas privadas de significación que hacen pensar en el fenómeno lingüístico de la glosolalia, es decir, en lo que en los Evangelios se conoce como “hablar en lenguas”. El problema es que la música de las sílabas con las que concluye el poema, según Paz, se queda sin significación. Lo cito: “Cada forma verbal ha dejado de significar. No acumulación de sentidos: progresivo ocaso de las significaciones. Los últimos versos de Altazor no dicen, rigurosamente, nada. Recuerdan a las invocaciones de los gnósticos que tanto irritaban a Plotino. La nada es la otra cara del ser.” (Octavio Paz, Convergencias. México, Seix-Barral, 1991.)

En la reprimenda lleva la penitencia. ¿Qué tienen qué hacer los gnósticos y Plotino en la epifanía verbal de uno de los más arriesgados productos de la vanguardia latinoamericana? Nada, en absoluto. Se trata de una referencia desorientadora. El verdadero antecedente de este formidable cierre se encuentra, no en la Antigüedad, sino en los poemas fonéticos de Richard Huelsenbeck, el poeta dadaísta, y en la prodigiosa Ursonate , de Kurt Schwitters, de la que por cierto existe una histórica grabación disponible (Wergo, wer 6304-2).

Foto: Fabrizio León

Esto me lleva a uno de los libros más interesantes pero también más fallidos de Paz, me refiero a Apariencia desnuda. La obra de Marcel Duchamp (México, era , 1973). Por principio, tengo que subrayar la osadía y los alcances intelectuales del autor, quien en este punto deja en el rezago a una numerosa pléyade de estudiosos. Ninguno de nuestros críticos de arte ni de expertos en estética, entre quienes se encuentran Teresa del Conde, Raquel Tibol, Cuauhtémoc Medina, José Luis Barrios, Olivier Debroise o Jorge Juanes, por mencionar algunos, ha dedicado un libro, que yo sepa, a este artista singular. Paz les pone el ejemplo y arma un discurso impresionante en el que en lugar de Plotino (como hacía con Huidobro) moviliza el tema del amor trovadoresco en su intento por aclarar el sentido del Gran vidrio, de Duchamp. Cegado por su marco romántico y a la vez anacrónico, incapaz de entender, para empezar por la base, el sentido de lo que se llama un ready made, este libro es en mi opinión uno de los más grandes fracasos interpretativos de Paz. Fracasa también, me temo, porque en el fondo Paz, que pasa por vanguardista, deja de entender lo que este término significa. Porque le sale, en otras palabras, el reaccionario estético. Por eso declara, ahí mismo, en su libro sobre Duchamp y sin que le tiemble la mano: “Todo esto me confirma en lo que pienso y digo desde hace mucho: cuando no son una caricatura de la auténtica vanguardia del primer tercio de siglo, los llamados movimientos de vanguardia de los últimos treinta años son una nostalgia y un anacronismo.” (Apariencia desnuda.)

Esto nos permite vislumbrar, ya que no el fondo, cuando menos el techo histórico que marca los límites de Paz como prosista y como crítico de arte. En los momentos en que su máquina de guerra declara ser más radical y más vanguardista es cuando aparece, como en un negativo fotográfico, lo que hay en él de antivanguardista. Doy sólo un ejemplo. En Los signos en rotación, texto que él mismo ha escrito que se debe leer como un manifiesto, y que en efecto, como su nombre lo indica, exhibe la sintonía más alta de Paz con el movimiento estructuralista y semiótico que se desató sobre todo en Francia durante los años sesenta, en el momento mismo en que declara que la figura del poeta es “una noción que paulatinamente se evapora” (eco, sin duda, de la famosa muerte del autor, señalada por Barthes), y después de establecer (definición solemne, aunque progre ) que “el poema es un conjunto de signos que buscan un significado, un ideograma que gira sobre sí mismo y alrededor de un sol que todavía no nace”; después de saquear, en suma y con descaro lo mismo a Heidegger que a Barthes, a Philippe Sollers, Blanchot y a otros pensadores del estructuralismo y del postestructuralismo francés… se le encienden los focos rojos y aplica el freno. El resultado es esta joya de autocontención que no me resisto a citar completa: “La destrucción del sentido tuvo sentido en el momento de la rebelión dadaísta y aún podría tenerlo ahora si entrañase un riesgo y no fuera una concesión más al anonimato de la publicidad. En una época en que el sentido de las palabras se ha desvanecido, estas actividades no son diversas a las de un ejército que ametrallase cadáveres. Hoy la poesía no puede ser destrucción sino búsqueda del sentido.” (El arco y la lira, México, Fondo de Cultura Económica, 1998.)

La vanguardia está bien, dice Paz, pero siempre que la encontremos congelada en el tiempo. Siempre que podamos estudiarla como algo muerto y fijo en los museos o en los arcones de la historia, lo cual garantiza que no nos despeinaremos si nos acercamos, ni nos salpicará la sangre en el rostro. De este tamaño es su conservadurismo.

lunes, 14 de abril de 2008

Diez años sin Paz

Mario Licón Cabrera



Entre movilizaciones civiles convocadas por Andrés Manuel López Obrador en defenza del futuro del petróleo en México, este 19 de abril se cumplen diez años de la muerte de Octavio Paz (1914-1998). Los numerosos homenajes al Nobel de literatura 1990 se han iniciado desde el 11 de abril. En estos homenajes participan grandes figures del medio literario, intelectual y cultural, entre los participantes destacan el poeta antillano Derek Walcott , Nobel de literatura 1992 y el novelista barcelonés Juan Goytisolo.

Autor de una importante y vastísima obra poética y ensayística, Paz, que fue acreedor de una gran admiración y respeto internacional, no estuvo excento de una aguda –a veces ágria- crítica, sobre todo en su país. Amigos y enemigos siempre estuvieron cerca del autor del portentoso poema de trecientos y tantos versos endecasílabos Piedra de Sol, poema que al parecer de Walcott, acerca mucho a Paz a sus raíces aztecas. Pero tambíen El Cántaro Roto –entre muchos otros de sus poemas- permaneceran por siempre y rebazaran toda crítica, a mí parecer.

Muchos piensan que los ensayos de Paz rebasan su poesía, yo pienso que son inseparables: en sus poemas ensaya/experimenta, en sus ensayos atizba/poetiza. Paz no era, en nigún momento, un ensayista académico sino un estudioso que escudriñaba entre la historia de la poesía y las vanguardias y regresaba siempre con descubrimientos o propuestas desde su condición de poeta. Me refiero a ensayos como El Arco y la Lira, Corriente Alterna, Los Hijos del Limo, La Otra Voz.

Octavio Paz, hasta donde yo sé, fué, sino el único, el primero en México en practicar la poesía en colaboración, de este ejercicio surgen Renga (tracicional forma poética japonesa) poema escrito junto con Charles Tomlinson, Jacques Roubaud y Edoardo Sanguineti, así como Hijos del Aire/Airborn escrito junto con Tomilnson.

Es cierto que en sus últimos años Paz se fué alejando más y más de la postura que asumió siendo embajador en la India al renunciar de su puesto en protesta por la masacre del 68 en Tlatelolco y acercarse más y más a una oficilidad por demás corrupta, así como llegar a los extremos de los elitísmos propios de las máfias culturales siendo director fundador de la revista y editorial Vuelta.


Cuerpo a la vista

Octavio Paz

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:
tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,
tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales,
prisioneros en llamas,
tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,
sitios en donde el tiempo no transcurre,
valles que sólo mis labios conocen,
desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre
tus senos,
cascada petrificada de la nuca,
alta meseta de tu vientre,
playa sin fin de tu costado.

Tus ojos son los ojos fijos del tigre
y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.

Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos
como la espalda del río a la luz del incendio.

Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla
y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,
el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con
sus dos alas grises
la noche de los cuerpos,
como la sombra del águila la soledad del páramo.

Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal
del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo
de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección y el día de la vida
perdurable).

Patria de sangre,
única tierra que conozco y me conoce,
única patria en la que creo,
única puerta al infinito.

De Cuaderno del Desvencije/I

Mario Licón Cabrera

***
Con frecuencia, cuando me pongo
O quito mis zapatos pienso
En Antonin Artaud
Se los ponía o se los quitaba
(esto es lo de menos…)
Cuando a él lo encontraron ahí
Tirado junto a su cama?

***
Desde el cuarto en silencio escucho
Lejanos trinos y el agudo lamento
del viento entre las soleadas ramas

***
En el callejón a oscuras entre
Cercos en desvencije platico
Con un brillante silencio lunar

***
Considerar el suicidio
Pensar desde las tinieblas del alba
En cómo hacer un nudo (el árbol está ahí)

Pensar en la Stanley-knife
En cómo presionarla sobre las venas
Y luego razgarlas (la navaja está ahí)

Pensar en el Harbour Bridge
y en lo considerable y sólido de su altlura
(el puente está ahí)

Pensar en las frías agues del Cook River
Amarrarse una gran piedra a la cabeza y
Luego lanzarse (el río está ahí)

Pensar en esto y lo otrro y no llegar
A decidirse sino por el caro y lento suicidio
A cuenta-gotas (el alcohol está ahí)

***
En su madurez
En mis dedos y en mis labios
La pera (remojada en Mezcal) se des/hace
Así quisiera que tú en mí
A través de mis manos y mi boca
Te des/hicieras y juntos cayéramos
en un largo éxtásis de sueños
Que entre luces y sombras transitan
por ignotos mares y escarpadss montañas y
Ciudades desiertas

(Y luego a besos celebrar el regreso
A un nuevo día.)

miércoles, 20 de febrero de 2008

MUNDAR


JUAN GELMAN
Buenos Aires, Seix Barral, 2007

LA MANZANA

Manzana sola en la fuente,
¿qué hace sin Paraíso? Nadie ve
su cicatriz amarga.
¿Me pregunta
a dónde fue el secreto
de irse por tanta puerta
cerrada, alto el crepúsculo
firme, la cara que
sueña, sueña, sueña,
sin importar lo que perdió?
En un rincón, el viento
mueve la sombra de las hojas.


AMISTADES

El poema que estaba en la cabeza
del corazón se fue. Esto habla
de la certidumbre de la incertidumbre
que nadie puede medir.
Tu brazo nada
en el temblor del sucedido.
¿Qué caballos
te recaballan la nación
de las ausencias que buscás
en la ausencia de vos? Es la amistad
del todo con la nada, la
del pecho mismo con
su perdón, sus espejos,
no dormir.

ALAS

Ala.
A la herida,
Alar ido
al espanto
que separa a la voz del corazón.
El alano que alarga su altivez.
Alondra aquí metida por
caprichos de la gallina con el gallo.
Alazán que el alba ocupás,
¡alargame el amor y su signo
que se alcohola en mis entrañas!
¡Ella, con alfabetos no leídos,
alumbramé lo que resiste al pairo!
En el alféizar de los huérfanos
pregunta qué pasó
y alza la noche.

OCÉANOS

En el océano del vacío
hay nombres, nombres, nombres.
En el océano de lo perdido,
hay nombres.
¿Quién responde
a este chorro de alma
que los llama? Un oleaje
de nombres, nombres, nombres.
¿Qué los separa de la grande muerte
en brazos ya de lo que fueron?

SONETO

Señora furia/ ¿por?
¿por qué no la dejaron
solita y sola?/ hay fuego/
fuego de sol/ fuego de niños/

cortan la calle espesa de
furia/ furias/ el hielo
de su vejez/ roto por la
caída de los llantos/ ¡oh dulce amor

que descansaba en la
suposición de rosas de agua!/
no primavera/ no vigila

el callejón de las entrañas/
los tragos de la suerte/
el vuelo alto/

LA CAMISA

La luz que toca mi camisa
nada sabe de mí. La recibo,
pero quién la merece.
Poner el cielo al fuego es una
condición de este tiempo, el almanaque
finge inocencia en su papel.
Los bárbaros que manejan las penas
de los demás, espinan
astros que no vendrán.
¿Qué esperan los dolidos en su cueva
con una cama donde
espantos, miedos, duermen cada noche?
El no mundo conversa
con mañanas sin Dios.

ENVOLTURAS

Vos, que envolvés
el tibio aroma y la espiral de la
noche indormida en
las vendas del cobarde y
fingís que sos sin ser vivido:
¡abrite las mil puertas
de tu ciudad cerrada! En el rincón
donde el miedo te agachó la cabeza
hay esperas que dicen
abur abur. Te fuiste, no dejaste
que una luz te sacara
de vos a la luz de tu luz.
Caen estrellas y está triste
Dios, que existe poquito.

LA SED

En esos prados donde
dejóse y olvidóse hoy crecen
inviernos y el vacío. Él vio
ciervos de aire cruzando
su sed de amor.
Esos flujos de sombra que arden
tan lejos, don San Juan, interrogaban
lo que no es porque no es.
Es la única forma de vivir,
padre dulce, insaciable.
El agua que no has de beber
moja la mano que te escribe.

DESCUBRIMIENTOS

Derrota/leo tu libro/
maestra íntima/ya libre
de vos/¿qué ángel caído
hay en tu espalda?/vos/
tan siempre/vi tu cara
un día que volabas
de vos a mí/endemientras
el deseo levantaba su furia
en las desgracias del amor.
El cerca lejos de
tu despego sin alma
resplandece en servicios
de tu voz/y la
conciencia de lo amado.
Me recrearas en tu flujo
Donde llorás más que yo.